MANIFIESTO 8M 2026. DERECHOS. JUSTICIA. ACCIÓN. PARA TODAS LAS MUJERES Y NIÑAS

8 de marzo, 2026


MANIFIESTO 8M 2026. DERECHOS. JUSTICIA. ACCIÓN. PARA TODAS LAS MUJERES Y NIÑAS

Este 8 de marzo volvemos a recordarlo con claridad: la igualdad no está garantizada y los derechos conquistados pueden retroceder.

El lema de este año lo expresa con contundencia: "Derechos. Justicia. Acción. Para todas las mujeres y niñas".

Y decir todas no puede ser una fórmula retórica.

Porque no todas partimos del mismo lugar. No todas vivimos las mismas condiciones materiales. No todas atravesamos las mismas barreras.

Las desigualdades no actúan solas. Se combinan. Se agravan. Se multiplican. Se expresan en el género, pero también en la pobreza, en la racialización, en la discapacidad, en la edad, en la orientación sexual, en la identidad de género, en la situación administrativa o en el territorio donde se habita. Cuando estas realidades se entrecruzan, la exclusión se intensifica.

Por eso hablar de derechos hoy significa hablar de derechos reales y efectivos.

Derecho a una vivienda digna.

Derecho a la salud y a la educación públicas. 

Derecho a vivir libres de violencias.

Derecho a la autonomía económica.

Derecho a vivir la propia identidad sin miedo.

Derechos a las mismas oportunidades de incorporación laboral a las mujeres con discapacidad.

Significa también garantizar derechos para quienes más obstáculos encuentran para ejercerlos: mujeres que sostienen hogares en precariedad, mujeres migrantes sin red de apoyo, mujeres mayores con pensiones insuficientes, jóvenes atravesadas por discursos de odio, mujeres lesbianas, bisexuales y trans que enfrentan discriminación, mujeres con capacidad que continúan encontrando barreras estructurales.

Pero los derechos no significan nada si no pueden defenderse y hacerse efectivos.

Por eso hablar de justicia implica reconocer que la igualdad formal no corrige desigualdades reales. No basta con proclamar derechos si el acceso a ellos depende de la renta, del origen, del código postal o de la identidad.

La justicia exige instituciones que escuchen, crean y protejan.

Exige sistemas públicos accesibles.

Exige que ninguna mujer ni ninguna niña quede fuera de la protección de la ley.

Y hablar de acción significa asumir una responsabilidad colectiva frente a estas desigualdades.

Pero este 8M no se celebra en un contexto neutro.

Vivimos en un momento en el que avanzan discursos que cuestionan los derechos de las mujeres, niegan la violencia machista, atacan a las personas LGBTIQA+ y desacreditan las políticas de igualdad. Se intenta instalar la idea de que el feminismo es exagerado, innecesario o divisivo. Se pretende enfrentar a la población con quienes defienden derechos básicos.

No estamos ante opiniones inocuas. Estamos ante discursos que erosionan la convivencia democrática y que amenazan conquistas sociales logradas tras décadas de lucha. 

Frente a estos retrocesos, reafirmamos que los derechos de las mujeres son un principio democrático irrenunciable.

Desde el Trabajo Social lo vemos cada día.

Sabemos que los problemas sociales no son fallos individuales, sino desigualdades estructurales. Sabemos que muchas mujeres llegan a los recursos cargando con responsabilidades que el sistema no asume. Sabemos que adolescentes que no encajan en los mandatos tradicionales sufren aislamiento y exclusión. Sabemos que la precariedad, la violencia y la discriminación no se resuelven culpabilizando a quienes las padecen.

Por eso reivindicamos un Trabajo Social Feminista que no se limite a gestionar prestaciones ni a cumplir procedimientos. Una práctica profesional que escucha y cree, que acompaña sin juzgar, que sitúa los cuidados en el centro y que analiza cada situación desde su contexto social, económico y cultural.

El Trabajo Social no puede convertirse en un mero trámite administrativo. Es una herramienta para ampliar derechos, fortalecer capacidades y construir respuestas colectivas.

Sabemos que una escucha respetuosa puede iniciar procesos de reparación. Que una red comunitaria puede sostener a quien se sienta sola. Que creer a una mujer que ha sufrido violencia ya es un acto de justicia.

La neutralidad, cuando los derechos se cuestionan, no es una opción profesional. Defender la igualdd, la diversidad y la justicia social forma parte de nuestro compromiso ético.

Este 8 de marzo reafirmamos:

Nuestro compromiso con derechos para todas las mujeres y niñas.

Nuestra defensa de una justicia social real y accesible.

Nuestra apuesta por sistemas públicos fuertes como garantía de dignidad.

Nuestra responsabilidad de actuar frente a las múltiples barreras que atraviesan la vida de las mujeres.

Nuestra firme oposición a cualquier retroceso que limite libertades y derechos.

Porque "para todas las mujeres y niñas" significa no dejar a nadie atrás. Significa proteger lo conquistado y avanzar en lo pendiente. Significa sostener la democracia desde los derechos, la justicia y la acción. 

El Trabajo Social, ejercido con conciencia crítica y compromiso feminista, es una herramienta poderosa frente a los discursos del odio y frente a los retrocesos.

Este 8M no es solo una conmemoración. 

Es una defensa activa de derechos.

Y desde el Colegio Oficial de Trabajo Social de Santa Cruz de Tenerife renovamos el compromiso:

más derechos,

más justicia,

más acción.

Para TODAS.

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